La jugadora de Nueva Zelanda solicitó un retiro el 16 de octubre y llevaba más de dos semanas esperando, superando con creces el plazo de tres días hábiles establecido. Se había puesto en contacto con el servicio de atención al cliente a diario durante la última semana y le habían informado repetidamente de que la demora se debía al proveedor de pagos. El equipo de reclamaciones no pudo continuar con la investigación debido a la falta de respuesta por su parte, lo que llevó al cierre de la reclamación. La jugadora conservaba la opción de reabrir la reclamación en el futuro si decidía retomar la comunicación.




